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Caminante, no hay camino...

Testimonio de Manuel

Comentario publicado originalmente aquí

Hace unas semanas descubrí este foro y viendo que nuestro amigo Nacho se esfuerza y consigue que no se desmadre demasiado, voy a exponer mi experiencia personal con el Neocatecumenado (NC), donde estuve integrado en una comunidad más de 10 años. Empezaré por lo positivo.

Me acerqué al NC buscando un sentido a mi vida y me enganchó, en el buen sentido, desde el primer momento (todavía recuerdo la catequesis del ciego de Jericó). En el NC aprendí a leer la Biblia y a descubrir a un Dios cercano en ella. La riqueza de acercarse a la Biblia en comunidad es incomparablemente mayor que hacerlo de forma individual, sin tampoco despreciar a ésta.

Aprendí a conocerme mejor y eso me ayudó a mirar a los demás con otros ojos, moderar el tono de mis críticas y fijarme especialmente en lo bueno que había en ellos.

Vivir la fe en comunidad, de una forma sencilla pero intensa, donde los hermanos tratan de ayudarse entre sí, aunque lógicamente sientas más afinidad por unos que por otros, es una gran experiencia de la que pude disfrutar.

Pude comprobar también como algunos matrimonios prácticamente rotos, se rehacían.

Cuando yo entré en el NC no había seminarios Redemptoris Mater ni se enviaba a las familias con un montón de hijos a “evangelizar” por el mundo ni se había construido el Domus de Galilea en el monte de las bienaventuranzas ni se hacían convivencias multitudinarias de jóvenes en las que en un clima de euforia colectiva éstos se “levantaban” para ir al seminario o a un convento. Incluso, dentro de la jerarquía de la Iglesia, al NC se le miraba con recelo. Está claro que todos evolucionamos en esta vida y el NC lo hizo perdiendo la sencillez que tenía en un principio a cambio de ganar peso y reconocimiento en el Vaticano.

Ahora expongo las cosas negativas que encontré y que a la postre fueron la causa de que me fuera.

1. Kiko es infalible. Nadie de dentro te lo dirá así, pero todos actúan como si lo fuera. Ninguna de sus opiniones se puede discutir (a lo mejor Carmen y Mario en la intimidad sí lo hacen).

2. Por extensión, los catequistas, en el ejercicio de su “ministerio” también lo son. Con haber “invocado” al Espíritu Santo antes de su intervención ya están a cubierto de lo que puedan decir. Si dicen alguna barbaridad, alegan que “el Señor cerrará los oídos de los hermanos” para que no la escuchen.

3. Si pretendes poner en duda la validez de lo dicho por Kiko o los catequistas, te podrán contestar: “Hermano, el Maligno te confunde, ten cuidado”; “Hermano, confía en los que van por delante”; “Hermano, tienes que crucificar la razón”.

4. Lo de “crucificar la razón” y “el que obecede no se equivoca” son dos de las mayores falacias del NC. Una cosa es aceptar el “misterio” en tu vida, es decir, no encontrar respuesta a todas las preguntas que nos hacemos, pero a pesar de ello, seguir adelante confiando en que algún día la encontraremos y otra cosa es que no te puedas preguntar nada por tu cuenta si no te lo ha dicho un catequista. Si Dios nos ha hecho seres racionales, será para que usemos la razón y no la tiremos a la primera papelera que encontremos. En cuanto a la obediencia ciega, si te dicen que te tires por un barranco y obedeces, a lo mejor no te equivocas, según ellos, pero el tortazo te lo llevas tú. En los Segundos Escrutinios, escuché consejos-imposiciones de los catequistas hacia algunos miembros de la comunidad que eran más que discutibles. Porque una cosa es ir por delante de ti en asuntos de fe y otra tener sentido común y saber de psicología, por más que digan que el mejor psicólogo es Jesucristo, cosa que no dudo, pero sí, la de que los catequistas se erijan en intérpretes únicos de su voluntad.

5. En el NC hay una obsesión con la sexualidad. Los matrimonios tienen que “Estar abiertos a la Vida”, es decir, no utilizar ningún método anticonceptivo. En todos los Pasos, los catequistas te lo preguntan. Si un embarazo fuera peligroso para la salud de la madre o ya no te caben más niños en la casa, la solución es la abstinencia o recurrir a métodos naturales de anticoncepción, es decir, jugar a la ruleta rusa, eso sí, confiando en Dios, que por otro lado te ha hecho un ser racional. La verdad que a veces se lo ponemos difícil. Y los novios lo tienen crudo, en una de las convivencias a las que asistí, un catequista de zona (los que tenían contacto directo con Kiko) que daba cursillos prematrimoniales se jactaba de que lo primero que les decía a los novios era: “Las relaciones prematrimoniales están prohibidas”. Hay continuas llamadas a la heroicidad de los cristianos para conseguir esto. Si antes dije que había visto rehacerse varios matrimonios, también diré ahora que esta rigidez provocaba en muchos hermanos serios problemas de conciencia y sentimiento de culpa.

6. En el NC se respira un tufillo machista no acorde con estos tiempos. El padre de familia es el Obispo en su casa, bendice la mesa, dirige la oración dominical, etc. la mujer es importante, pero sobre todo para estar al cuidado de la prole.

7. Se rechaza de forma absoluta cualquier crítica hacia el NC que se reciba. Si la crítica o sugerencia se hace desde dentro del NC es prácticamente imposible que pase del responsable de tu comunidad o de tus catequistas directos, si viene de algún sector de dentro de la Igleasia, se recurre a lo de que “El Maligno se infiltra por cualquier sitio” y las que vienen de fuera, como no se pueden acallar, se convierten inmediatamente en “persecución”. Pero esto no era aplicable a Kiko. La de veces que habré oído que Kiko le había anunciado el Kerigma a no se cuantos obispos, (contado con cara de asombro y como diciendo ¡qué valor tiene! que les canta las cuarenta) y tú, si humildemente sugerías algo, te soltaban lo del Maligno y enseguida se ponían a rezar por ti.

Con relación al tema de si se trata o no de una secta, los puntos 1, 2, 3, 4 y 7 de arriba sí son propios de secta. Sin embargo, otras características de las sectas yo no las he experimentado. No tuve ningún problema para salir, creo más bien, que cuando por fin me fui, fue un alivio para las dos partes. En los temas del dinero, no tuve problemas, daba el diezmo libremente y cuando se pasaba una bolsa para los seminarios o para la evangelización de las familias nadie me preguntaba si echaba o no.

Perdonad el rollo, pero me resultaba muy dificil fraccionarlo.

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